¿Volverían a Argentina?

Es la pregunta que varias personas nos han hecho desde el primer momento en que llegamos a Salta, luego de haber estado como voluntarios en Bolivia por un año y dos meses.

A lo que tanto Audrey como yo respondemos:

No volveríamos (a menos que Dios así lo requiera…) por decisión propia a Argentina, porque sirviendo a los demás como familia, hemos sido los más beneficiados a la hora de hacer un balance (lo cual no quita que hayan luchas, pruebas o dificultades…).

En Familia Feliz Emma nunca tiene que estar sola, ya que si Audrey trabaja, yo la cuido y si yo trabajo, Audrey la cuida.

No tenemos que preocupemos por pagar tarjeta de crédito (ya que no tenemos…), electricidad, gas, agua, etc. y las energías de nuestra mente que empeñábamos en ver como pagar las cuentas, hoy las utilizamos para avanzar directamente con la obra que Dios nos pone por delante.

Podemos compartir las 3 comidas juntos como familia (excepto que surja algún imprevisto, pero en general, podemos comer juntos), podemos hacer el culto matutino y vespertino con Emma cada día y es tan lindo ese momento que ahora ella con sus tres añitos, es quien nos recuerda que debemos hacerlo, si lo olvidamos o si nos retrasados por algo.

El estar en contacto con la naturaleza todo el tiempo es un “cable a tierra” que nos ha ayudado a reducir contracturas musculares y a bajar niveles elevados de ansiedad (aún trabajando todo el día, se nota la mejoría para bien).

Hemos mejorado en nuestra alimentación, en el descanso (dormimos mejor y nos recuperamos mejor), como hemos comentado en otro post, hemos mejorado el conocimiento en el idioma inglés, estamos aprendiendo a administrar, a trabajar la tierra, a vivir con lo necesario y no preocuparnos por lo material, ya que Dios provee (aunque a veces la parte humana vuelve y uno se preocupa, pero vamos aprendiendo con ayuda de Dios).

Otro de los motivos que nos desanima de volver a vivir a la ciudad es que luego de haber estado viviendo en la selva, en un lugar apartado, al entrar “en ritmo de vida” citadino, re confirmamos la hiperactividad de Emma (en Familia Feliz no es tan notorio porque puede hacer actividades al aire libre todo el día y quema muchas energías) ya que el hecho de estar “encerrada” entre cuatro paredes hace que se ponga inquieta, de mal genio y muchas veces resulte desobediente o conteste de mala forma. A pesar que hace sólo un poco más de un mes que estamos en la ciudad, ha sido más que suficiente para que el consumismo logre marcarla , ya que todo está articulado para que tanto niños como grandes quieran comprar “todo lo que ven”.

Para nosotros también ha sido duro ver cuánto nos cuesta mantener nuestra relación con Dios cada día, debido a la cantidad de distracciones que existen y que al estar en el campo misionero se minimizan a pesar de que la agenda diaria tenga muchas actividades por delante, ya que si no tenemos nuestra reflexión bíblica de manera personal, no tendremos qué brindar a los demás.

Está semana me tocó hablar con un hermano de iglesia que me preguntó por qué nos habíamos ido si aquí estábamos bien y la respuesta es: porque por más que aquí teníamos trabajo y una casa (a la que estábamos a punto de acceder), no estábamos felices y ahora trabajando como voluntarios en el campo misionero, nos sentimos completos como individuos y como familia y eso no tiene precio materialmente hablando.

La parte que uno más “extraña” de vivir en la ciudad es la de las amistades y hermanos de la iglesia que uno quiere mucho y al estar distanciados no puede ver tan frecuentemente (algunos, ya que a otros no los hemos visto aún y la periodicidad con que nos veíamos estando en la ciudad, no ha variado demasiado).

La familia se extraña, pero de todos formas, al vivir apartados, tanto de mis padres como de los de Audrey, la frecuencia con la que los vemos es muy similar a la que teníamos viviendo en Argentina.

En conclusión: estamos súper agradecidos a Dios por habernos permitido volver a Argentina a pasar las fiestas y que también haya nacido Mickaël, que hayamos podido compartir al cumpleaños de Pablo con sus padres y que su papá haya podido dedicar a Dios a Mickaël, pero no vemos la hora de volver a Bolivia a continuar con el ministerio de ayuda a los niños carenciados (económica, espiritual o emocionalmente).

Gracias por acompañarnos en cada post, con oraciones y económicamente para seguir avanzando en esta obra.

Si alguien quiere contactarse con nosotros de forma más directa puede hacerlo a: pablofernandoromero@gmail.com

¡Bendiciones y buena semana!

Audrey, Emma, Mickaël y Pablo

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